Organizaciones Eficaces
El otro día asistí a un evento organizado por la rectora de mi universidad, en el cual se escuchaba a los delegados estudiantiles. Yo estaba allí como miembro de la junta de mi asociación y no pintaba mucho, así que no comenté nada. Pero pude pensar sobre lo ineficiente y esperpéntica que me parecía la situación.
Aunque se suponía que era un evento para que los estudiantes comunicaran sus sugerencias y desde el equipo de gobierno se diese respuesta a estas, la mayoría del tiempo se discutían quejas sobre casos concretos, en lugar de temas más generales. La rectora no debería tener que atender a los problemas causados por un profesor o incluso problemas que afectan a un grado, debería centrarse en problemas interfacultativos y que afecten a la comunidad universitaria en su enteritud. Por ejemplo, tratar de lograr tener BiciMad en la universidad, o crear alguna plataforma digital nueva para los alumnos de la universidad. En general, pensar de manera global.
Pero evidentemente, no se podía esperar otra cosa de los representantes allí reunidos. Por un lado, proponer algo novedoso tiene algo de riesgo: pueden pensar que tus ideas son malas o están fuera de lugar. Por otro lado, no se gana nada, aparte de algo de respeto si la idea es buena y el hecho de mejorar la universidad de manera desinteresada.
Lo que necesitaba en ese momento mi universidad era que alguien hablase de innovación institucional. De romper este sistema de incentivos perversos, de construir un nuevo sistema en el cual se aprovechen las ideas de todos los miembros universitarios.
Hay una razón por la que mi universidad sigue alrededor del puesto 200 de universidades. Existe una razón por la que siempre parece que vamos a la zaga en Europa. Por la que vienen alumnos de Países Bajos, preguntan qué hacemos para depender menos de la tecnología estadounidense y no sabemos qué responder sin parecer idiotas.
Porque no tenemos ideas. Pero no es porque las ideas no nazcan. Es porque todas mueren.